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jueves, 10 de julio de 2008

El blindaje de la ilegalidad

La Asamblea Nacional Constituyente expidió el mandato No.13 en el cual se respalda totalmente la acción emprendida por la AGD contra el grupo Isaías y se consolida una vez más el estado de ilegalidad y constante violación de los derechos ciudadanos.
Los hermanos Isaías únicamente pueden ser declarados culpables o inocentes después que un juez haya dictado una sentencia mientras tanto la presunción de su inocencia prevalece ante todo.
Si el gobierno tiene los documentos que comprueban la culpabilidad de los señores Isaías era que procediera bajo derecho y respetando la Constitución vigente. La AGD con la resolución AGD-UIO-GG-2008-12 se ha arrogado funciones que no le compete al iniciar la incautación sin antes haber una sentencia condenatoria. ¿Será que el presidente de la AGD tiene conflicto de intereses con el grupo Isaías y actuó apresuradamente? La Asamblea con este nuevo mandato ha creado un blindaje de la ilegalidad ya que el mismo no es susceptible de cualquier acción de amparo constitucional y el juez o magistrado que conozca la causa será sujeto de destitución del cargo y un posible enjuiciamiento penal si fuese necesario. La disposición final del mandato reza así:” El presente Mandato es de obligatorio cumplimiento y en tal virtud, no será susceptible de queja, impugnación, acción de amparo, demanda, reclamo, criterio o pronunciamiento administrativo o judicial alguno y entrara en vigencia en forma inmediata, sin perjuicio de su publicación en la Gaceta Constitucional y/o en el Registro Oficial…”
La Junta Bancaria conocía desde el mes de marzo el informe elaborado por la empresa Deloitte & Touche en el año 2001, en el cual se establecía pérdidas por valor de 661,5 millones de dólares de Filanbanco, antes de ser intervenido por el Estado. Pero, dicho documento no es una auditoría. El economista Miguel Dávila Castillo, ex Gerente del Banco Central, señala (en el oficio SB-2556-99 de 5 de agosto de 1999) que el banco Filanbanco canceló el saldo pendiente del préstamo concedido con cargo al articulo 26 del Régimen Monetario y Banco del Estado del día 26 de julio de 1999.
Si la ciudadanía acepta el reciente mandato de la Asamblea como algo justo, entonces estaremos justificando la arrogación de funciones que no le competen a este organismo. La Constitución es la norma máxima que está por encima de cualquier mandato y que debe ser cumplida sin ningún tipo de excusas. No es ser una persona con mala fe o un ignorante el no respaldar la incautación sino que la defensa del Estado de Derecho y la Constitución es primero que una retaliación política.
Todos los ciudadanos anhelamos y soñamos que la justicia sea impartida a todos por igual, pero a cada uno de los ciudadanos se les debe garantizar su derecho a la legítima defensa y después y solo después de su juzgamiento emprender alguna acción. Debemos estar vigilantes para que el caso Isaías no sea el marketing preelectoral para ganar más adeptos a la tesis socialista y el SI triunfe sobre el NO.

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viernes, 18 de enero de 2008

El gobierno y los impuestos

El origen de los impuestos explica inevitablemente el nacimiento del gobierno y de como éste los emplea para cumplir con su rol, el cual se ha ido distorsionando a lo largo de la historia. Adam Smith señaló que a medida que la sociedad iba volviéndose más compleja hubo que generar ingresos para sustentar la vida de los ciudadanos que se dedicaban tiempo completo a impartir justicia y mantener el orden. Poco a poco, los gobiernos fueron absorbiendo más funciones (estado de bienestar) y el financiamiento de las mismas se lo logró con un aumento de los impuestos. Por tal motivo, es necesario que cada uno de los ecuatorianos se cuestione lo siguiente: ¿Cuál es la verdadera naturaleza de un gobierno? ¿Es necesario y vital para los ecuatorianos sustentar el actual tamaño del Estado? ¿Por qué debemos financiar a un Estado que ha crecido diametralmente en tan sólo un año? Si el rol del gobierno disminuye, lógicamente las cargas impositivas también decrecerán. Depende de la visión que se tenga sobre el Estado y del gasto público lo que determinará la cantidad y las tarifas impositivas. Frederic Bastiat definió claramente el concepto de un gobierno mediante una sentencia que particularmente me agrada. El sostenía lo siguiente: “El gobierno es la gran ficción a través de la cual todos nos empeñamos por vivir a expensas de los demás”.
Francesco Nitti, un economista italiano, a principios de los años 90 señaló: “No hay que olvidar que el impuesto es sobre todo un fenómeno político, que en sus manifestaciones responde a situaciones políticas”. La ley de Equidad tributaria encaja en la sentencia descrita ya que la nueva situación política es atacar a los emprendedores y creadores de riqueza. Se quiere llegar a un estado de igualdad social que volverá a toda la sociedad en su conjunto más pobre. La mayoría asambleísta ha creado un espejismo que impide que la mayoría de los ciudadanos analicen el verdadero efecto inmoral de los nuevos impuestos. La propaganda gubernamental, que apoya y promueve la reforma tributaria, tiene como frase principal “El que tiene más, paga más” lo cual a simple vista parece lógico y justo pero, los impuestos progresivos los terminan pagando los miembros de la clase media y baja. El efecto original que se quiere lograr se anula cuando se aplica la progresividad en los individuos con mayores ingresos. Existe una falacia redistributiva que los socialistas se niegan a aceptar porque en primera instancia buscan una igualdad que se destruye al final y no identifican cuál sería el método eficiente para conseguirlo.
Los economistas que defendemos la libertad económica y el Estado de Derecho somos partidarios de la aplicación de un impuesto uniforme cuya tasa dependerá del tamaño de Estado que los ciudadanos quieran sostener. La eficiencia se la logrará por esta vía. El verdadero cambio social debería ir por ese lado y no con políticas ilusionistas de riqueza. Paul Harberger manifiesta que los políticos usan el conflicto de clases para obtener el apoyo del público para implementar impuestos ineficientes y simultáneamente reforzar su poder. ¿Le parece familiar esta situación?
Todos conocemos el refrán: “Dime con quién andas y te diré quién eres”, entonces nos quedaría muy bien la siguiente analogía “Dime cuán grande es tu Estado y te diré cuán pobre eres”

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